Afrodita, Eros, una huida desesperada y el cordón de oro que los unió para siempre. Más la civilización que ya tenía estos peces en el cielo siglos antes de que Grecia existiera, y lo que los mexicas vieron en las mismas estrellas.
Por Juan Pablo Martín | ASTRONOMIKA TV | Junio 2026

Piscis es la última constelación del zodiaco. La más tenue, la más difusa, la más difícil de trazar en el cielo. Y también, resulta, una de las más antiguas. Su historia no empieza con los griegos, aunque ellos la hayan contado mejor que nadie. Empieza siglos antes, en los mismos ríos que los griegos pusieron como escenario de su drama.
Hay dos peces en el cielo, atados con un cordón de oro, nadando en direcciones opuestas. Eso es todo lo que ves. Pero detrás de esa imagen hay una diosa huyendo de un monstruo, una civilización que ya tenía esos peces en el cielo antes de que Afrodita existiera, y un mundo destruido por inundación cuyos habitantes se transformaron en peces para sobrevivir.
Y en algún punto de esa misma constelación, a 32 millones de años luz de distancia, hay una galaxia espiral tan perfecta que el telescopio espacial James Webb la fotografió como una de sus imágenes más nítidas. Es casi imposible de encontrar a simple vista. La llaman la Galaxia Fantasma. Es el objeto más esquivo del catálogo Messier completo.
Empecemos por el principio.
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La noche en que los dioses prefirieron ser animales
Antes de hablar de los dos peces que llevan milenios en el cielo, hay que hablar de la noche en que el Olimpo completo entró en pánico.
Tifón no era un monstruo cualquiera. Era el hijo de Gea, la diosa de la Tierra, creado con un solo propósito: destruir a Zeus y a todos los olímpicos que habían derrotado a los Titanes. Era tan descomunal que su cabeza rozaba las estrellas. Tenía cien cabezas de dragón que escupían fuego, y de la cintura para abajo su cuerpo era una masa retorciéndose de serpientes. Cuando apareció marchando hacia el Olimpo, los dioses no deliberaron. Huyeron.

Hera se convirtió en vaca blanca. Apolo en cuervo. Artemisa en gata. Hermes en ibis. Zeus mismo se transformó en carnero. El panteón completo se convirtió en un zoológico de dioses aterrorizados corriendo hacia Egipto. Si ya leíste nuestro artículo de Capricornio, ya sabes cómo Pan entró en pánico en esa misma noche y quedó inmortalizado en el cielo con su transformación a medias, mitad cabra, mitad pez. Pero esa es su historia. Esta es la de Afrodita y Eros.

Los dos estaban en las orillas del Éufrates, el río que nace en las montañas de lo que hoy es Turquía oriental y recorre hasta el golfo Pérsico atravesando Siria e Irak, cuando Tifón los alcanzó. Afrodita, diosa del amor y la belleza, sostenía a Eros, su hijo, el dios del deseo. No había tiempo para planear nada. Solo para no soltarse.
Se transformaron en dos peces, se ataron con un cordón para no perderse en la corriente, y saltaron al río.
El cordón los salvó. Y los separó para siempre.
Porque cuando Zeus derrotó a Tifón y los dioses recuperaron su forma, Afrodita puso a los dos peces en el cielo exactamente como habían quedado: uno frente al otro, unidos por un cordón, nadando en direcciones opuestas. La estrella que marca el nudo se llama Al Rischa. En árabe significa «la cuerda del pozo». El punto exacto donde dos seres decidieron no soltarse, inmortalizado a 157 años luz de distancia.

La ironía es que Al Rischa no es una estrella. Es un sistema binario: dos estrellas que giran una alrededor de la otra con un período orbital de casi 900 años, unidas por gravedad, sin poder separarse. El universo no hace las cosas a medias.
Hasta aquí la versión griega. Pero hay un problema con ella, y es que no es la original.
La historia que los griegos tomaron prestada
Siglos antes de que Afrodita y Eros existieran en la mitología griega, en el norte de Siria se veneraba a Atargatis, la gran diosa del agua y la fertilidad. Era representada como sirena: cuerpo de mujer de la cintura para arriba, cola de pez de la cintura para abajo. Su culto tenía sede en Hierápolis, en lo que hoy es Manbij, al noreste de Alepo en Siria. Era la deidad principal de toda la región.
Atargatis tenía un hijo: Ichthys, que en griego simplemente significa «pez». Los dos eran los dos peces del cielo. No Afrodita y Eros. Atargatis e Ichthys. Madre e hijo. Diosa del agua y su vástago, inmortales en el cielo desde mucho antes de que los griegos llegaran a la región.
El contraste con la versión griega no puede ser más grande. En la historia siria no hay fuga, no hay monstruo, no hay pánico olímpico. Atargatis e Ichthys no estaban escapando de nada. Eran el agua misma. Su presencia en el cielo no era el recuerdo de un accidente divino bajo presión, sino la representación de una fuerza primordial: la madre que da vida, el hijo que la perpetúa, los dos eternamente unidos porque el agua no tiene principio ni fin.
Cuando los griegos absorbieron la cultura siria, hicieron lo que siempre hacían: conservaron la imagen, cambiaron los nombres. Atargatis se convirtió en Afrodita. Ichthys se convirtió en Eros. La diosa sirena del agua siria pasó a ser la diosa del amor griega. El hijo pez se convirtió en el dios del deseo con alas.
Los sirios nunca olvidaron que los peces eran suyos. Por eso, durante siglos, se negaron a comer pescado. No por superstición. Porque comer un pez era, literalmente, comerse a un dios.
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Para los mexicas, el agua no era un refugio: era el principio de todo
Los mexicas no tenían una constelación que llamaran Piscis. Pero tenían algo más interesante: una cosmología entera construida sobre el agua como fuerza creadora y destructora al mismo tiempo. Y en ese universo, los peces no eran símbolos de amor ni de escape. Eran lo que quedaba cuando el mundo terminaba.

La cosmología mexica organiza la historia del universo en cinco eras llamadas Soles. Cada Sol es un mundo completo que nace, existe y se destruye. El cuarto Sol, llamado Nahui Atl, «Cuatro Agua», estuvo regido por Chalchiuhtlicue, «la de la falda de jade», diosa de los ríos, los lagos y las aguas terrestres. Era una de las deidades más veneradas del panteón mexica, representada siempre con una falda verde turquesa, el color del agua profunda, y una corriente de agua brotando de su cuerpo.
Ese cuarto mundo terminó en diluvio. No un diluvio de castigo, como en otras tradiciones. Un diluvio de agotamiento cósmico: el Sol simplemente se apagó, el cielo se desplomó sobre la tierra, y el agua lo cubrió todo. Los seres humanos que habitaban ese mundo no murieron. Se transformaron en peces para sobrevivir bajo el agua. Siguieron existiendo, pero ya no como lo que eran.

El contraste con la versión griega es total. Afrodita y Eros se convirtieron en peces para escapar de un monstruo y después recuperaron su forma. Fue una transformación temporal, una estrategia de supervivencia con regreso garantizado. Para los mexicas, convertirse en pez era el final de una era. No había regreso. Los hombres-pez del cuarto Sol siguieron nadando bajo las aguas del mundo destruido mientras el quinto Sol, el nuestro, comenzaba sobre ellos.
Y antes de que existiera cualquier Sol, antes de que hubiera tierra o cielo, estaba Tlaltecuhtli, el monstruo primordial del agua. Un ser descomunal que habitaba el océano original cuando no existía nada más. Tezcatlipoca y Quetzalcóatl tuvieron que descender a ese océano primordial, enfrentarlo y despedazarlo para poder crear el mundo. De su cuerpo nació la tierra. De su piel, la hierba y las flores. De su cabello, los bosques. De sus ojos, los pozos y las cuevas. De su boca, los ríos.
En la cosmología mexica el agua no era el lugar donde los dioses huían cuando tenían miedo. Era el material del que estaba hecho todo lo demás.
Esta tradición no desapareció con la conquista. En comunidades del centro de México, el ciclo agrícola sigue marcado por la llegada de las lluvias con rituales que tienen siglos de continuidad. Tláloc, dios de la lluvia, sigue siendo invocado en algunas regiones de Guerrero, Oaxaca e Hidalgo en ceremonias que mezclan elementos prehispánicos y católicos. El agua como fuerza sagrada no necesitó que nadie le enseñara astronomía griega para mantenerse viva.
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M74: la galaxia más perfecta del catálogo y la más difícil de encontrar
Piscis es la constelación más grande del zodiaco y una de las más antiguas del cielo. Y aun así, es prácticamente invisible. Sus estrellas más brillantes apenas alcanzan magnitud 3.6, el límite inferior de lo que el ojo humano puede captar en un cielo urbano. No tiene una estrella dominante que sirva de ancla visual. No tiene una forma obvia. Es una constelación que exige paciencia, cielo oscuro y saber exactamente dónde mirar. Lo cual, resulta, es una descripción perfecta de su objeto más importante.
La Galaxia Fantasma
A unos 32 millones de años luz de distancia, en la dirección de Piscis, existe una galaxia espiral de cara completa llamada M74, también conocida como NGC 628 o la Galaxia Fantasma. Tiene dos brazos espirales perfectamente simétricos, llenos de regiones de formación estelar activa, y cuando el telescopio espacial James Webb la fotografió en 2022 quedó como una de las imágenes más nítidas y hermosas del catálogo completo de Messier. Es, en términos de estructura, una de las galaxias espirales más perfectas que conocemos.
Y con todo eso, M74 es el objeto más difícil de encontrar de todo el catálogo Messier. No el segundo más difícil. El más difícil.
El problema no es su tamaño. M74 tiene un diámetro de unos 85,000 años luz, comparable al de la Vía Láctea, y ocupa en el cielo un área equivalente a un tercio del diámetro de la Luna llena. El problema es su brillo superficial: toda esa luz está tan distribuida sobre un área tan grande que el ojo no la concentra en ningún punto. Es como buscar una pantalla de cine encendida en una habitación a oscuras: enorme, ahí está, pero si no sabes exactamente dónde mirar, no la ves.
Pierre Méchain la descubrió en 1780 y se la comunicó a Charles Messier, quien la incluyó en su catálogo ese mismo año. Desde entonces, generación tras generación de observadores han maldecido su nombre durante el Maratón Messier, la noche del año en que los aficionados intentan ver los 110 objetos del catálogo en una sola sesión. M74 es la que más carreras arruina.

Para verla necesitas cielo verdaderamente oscuro, sin luna y sin contaminación lumínica. Con binoculares de 25×100 (los que yo uso son los ORION GiantView 25×100) puedes empezar a percibir una mancha difusa muy tenue en la posición correcta, sin ninguna estructura visible. Para dar el siguiente paso, el ZWO Seestar S50 acumulando exposiciones durante varios minutos logra sacar el núcleo con claridad y una insinuación de los brazos espirales. Y si quieres ver M74 de verdad, con el halo extendido y los primeros indicios de estructura en los brazos, necesitas un telescopio con al menos 300mm de apertura (12 pulgadas; yo uso el SKY-WATCHER FlexTube 300P) en una noche limpia. Con ese instrumento la Galaxia Fantasma deja de ser un rumor.
Cómo encontrarla
Primero localiza el Cuadrado de Pegaso, esos cuatro astros brillantes que forman un rectángulo grande y reconocible hacia el este en el cielo otoñal. Desde la esquina inferior derecha del Cuadrado, sigue hacia donde se pone el Sol hasta encontrar una estrella de brillo moderado: esa es Eta Piscium, la más brillante de Piscis. M74 está a menos de dos largos de Luna llena hacia el noroeste de esa estrella. Si tu cielo es bueno, ahí la tienes.
La mejor época para buscarla en el hemisferio norte es entre octubre y diciembre, cuando Piscis alcanza su punto más alto en el cielo durante las horas de la noche. En el hemisferio sur se ve mejor entre agosto y octubre, aunque a menor altura sobre el horizonte.

Al Rischa y el nudo que tarda 900 años en moverse
La estrella más famosa de Piscis no es la más brillante. Es Al Rischa, Alpha Piscium, la que marca el nudo del cordón que une a los dos peces en el cielo. Su nombre viene del árabe y significa «la cuerda del pozo». Está a 157 años luz de distancia.
Al Rischa no es una estrella. Es un sistema binario: dos estrellas blancas que giran una alrededor de la otra con un período orbital de aproximadamente 900 años. En este momento están separadas por apenas 1.8 segundos de arco en el cielo, y se acercarán a su punto más próximo alrededor del año 2060. Dos estrellas unidas por gravedad en el punto exacto donde la mitología puso el nudo de un cordón. El universo tiene sentido del humor.
El punto donde el cielo empieza a contar
Hay un dato sobre Piscis que los libros de astronomía mencionan de pasada pero que merece más atención. El punto vernal, es decir, el punto exacto donde el Sol se encuentra el día del equinoccio de primavera y que sirve como coordenada de origen de todo el sistema de referencia celeste, lleva el nombre histórico de «Primer Punto de Aries». Pero hace siglos que no está en Aries. Está en Piscis, y ha estado ahí durante toda la era cristiana.
Por la precesión de los equinoccios, ese punto se mueve lentamente a través del zodiaco a razón de un grado cada 72 años aproximadamente. Entró en Piscis alrededor del año 68 a.C. y no saldrá hacia Acuario hasta aproximadamente el año 2597. Todo el sistema de coordenadas con el que la astronomía moderna mapea el cielo tiene su punto cero dentro de los límites de Piscis.
Y no es casualidad que el pez sea el símbolo más antiguo del cristianismo. Cuando Jesús nació, el Sol salía en Piscis el día del equinoccio de primavera, el momento astronómico más importante del año. Los astrónomos de la época lo sabían perfectamente. La conexión entre el pez cristiano y la constelación no es metáfora. Es astronomía.
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El final que no hace ruido
Piscis es la última constelación del zodiaco. Después de ella viene Aries, y el ciclo empieza de nuevo. Es el final que no parece final, la despedida que no hace ruido. Sus estrellas son tenues, su forma es difícil de trazar, su objeto más famoso es casi imposible de ver. Y sin embargo, lleva más de 4,000 años en el cielo, cargando historias de diosas sirias, astrónomos babilónicos, cosmologías mexicas y dos seres que decidieron no soltarse en medio del caos.
Hay algo en eso que vale la pena recordar. Los finales más importantes rara vez son espectaculares. Simplemente son.
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Y cuéntanos: ¿ya habías escuchado que el símbolo cristiano del pez tiene más que ver con astronomía que con teología?
Preguntas frecuentes sobre Piscis
¿Cuándo se ve Piscis en el cielo?
La mejor época para observar Piscis en el hemisferio norte es entre octubre y diciembre, cuando alcanza su punto más alto en el cielo durante las horas de la noche. En el hemisferio sur se ve mejor entre agosto y octubre, aunque a menor altura sobre el horizonte.
¿Por qué Piscis es una de las constelaciones más antiguas del zodiaco?
Porque su origen no es griego sino mesopotámico. Los babilonios ya registraban esta zona del cielo alrededor del 1200 a.C., siglos antes de que los griegos construyeran su mitología alrededor de ella. Y antes que los babilonios, los sirios ya tenían a su propia diosa Atargatis representada como dos peces en ese mismo rincón del cielo. Es uno de los sectores del cielo con mayor continuidad histórica documentada.
¿Qué es M74 y por qué es tan difícil de ver?
M74, también conocida como la Galaxia Fantasma o NGC 628, es una galaxia espiral de cara completa ubicada a unos 32 millones de años luz en la dirección de Piscis. Su dificultad no viene de su tamaño sino de su brillo superficial extremadamente bajo: su luz está tan distribuida sobre un área tan grande que el ojo no la concentra en ningún punto. Es el objeto más esquivo del catálogo Messier completo.
¿Qué significa Al Rischa?
Al Rischa es el nombre de Alpha Piscium, la estrella que marca el nudo del cordón que une a los dos peces en el cielo. Su nombre viene del árabe y significa «la cuerda del pozo». Es un sistema binario: dos estrellas que giran una alrededor de la otra con un período orbital de aproximadamente 900 años.
¿Por qué el pez es símbolo del cristianismo?
Tiene una conexión astronómica directa. El punto vernal, que sirve como coordenada de origen de todo el sistema celeste, estuvo ubicado dentro de Piscis durante toda la era cristiana, desde aproximadamente el año 68 a.C. Cuando Jesús nació, el Sol salía en Piscis el día del equinoccio de primavera, el momento astronómico más importante del año. Los astrónomos de la época lo sabían. El pez no era solo un símbolo religioso; era también una señal del cielo.
¿Qué relación tiene Piscis con el punto vernal?
El punto vernal, coordenada de origen de todo el sistema de referencia celeste, lleva el nombre histórico de «Primer Punto de Aries» pero hace siglos que no está en Aries. Está en Piscis, y permanecerá ahí hasta aproximadamente el año 2597. Toda la astronomía moderna tiene su punto cero dentro de los límites de esta constelación.
¿Cómo encontrar Piscis en el cielo sin telescopio?
Primero localiza el Cuadrado de Pegaso, los cuatro astros brillantes que forman un rectángulo reconocible hacia el este en el cielo otoñal. Desde la esquina inferior derecha, sigue hacia donde se pone el Sol hasta encontrar una estrella de brillo moderado: esa es Eta Piscium, la más brillante de Piscis. La constelación se extiende desde ahí entre Acuario y Aries. Necesitas cielo oscuro y paciencia.
¿Cuál es la estrella más brillante de Piscis?
Técnicamente es Eta Piscium, también llamada Kullat Nunu, con magnitud 3.6. Sin embargo, la estrella más famosa de la constelación es Al Rischa (Alpha Piscium), que marca el nudo del cordón que une a los dos peces, con magnitud combinada de 3.8.
¿Qué culturas antiguas conocían la constelación Piscis?
Piscis tiene una de las historias culturales más ricas del zodiaco. Los babilonios la registraban desde alrededor del 1200 a.C. Los sirios la asociaban con Atargatis, su gran diosa del agua, y su hijo Ichthys, siglos antes de que los griegos construyeran su versión del mito. Los griegos adoptaron la imagen y pusieron a Afrodita y Eros en su lugar. Y los mexicas, aunque no tenían una constelación equivalente, construyeron una cosmología acuática donde los peces eran los sobrevivientes del mundo anterior al nuestro.
Fuentes y lecturas recomendadas
Libros
- Allen, R.H. (1963). Star Names: Their Lore and Meaning. Dover Publications. La referencia clásica en inglés sobre el origen de los nombres estelares y la historia cultural de las constelaciones, incluyendo Piscis y Al Rischa.
- Hunger, H. y Pingree, D. (1999). Astral Sciences in Mesopotamia. Brill. El estudio más completo sobre astronomía babilónica y los catálogos estelares cuneiformes que dieron origen a buena parte del zodiaco occidental.
Fuentes digitales
- Ridpath, I. Star Tales: Pisces. ianridpath.com. Análisis histórico y mitológico detallado de la constelación, con referencias a las fuentes clásicas primarias.
- NASA/ESA Webb Telescope. Imágenes y datos técnicos de M74 (NGC 628): webbtelescope.org.

