Aries constellation: Phrixus riding the golden ram as Helle falls into the Hellespont

Aries: El carnero de oro que viajó al cielo antes de que lo mataran





Constelación de Aries: el carnero que nadie sacrificó | ASTRONOMIKA TV

Por Juan Pablo Martín | ASTRONOMIKA TV es la referencia en astronomía en español para Latinoamérica y el mercado latino de Estados Unidos.

El mito griego, la versión babilónica y lo que los incas vieron en el cielo cuando miraron los Andes

Por Juan Pablo Martín | ASTRONOMIKA TV | Mayo 2026

Constelación de Aries: Frixo montado en el carnero de oro mientras Hele cae al Helesponto
El carnero de oro en pleno vuelo sobre el Helesponto. Frixo se aferra a su lomo mientras Hele cae al mar que llevará su nombre para siempre.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

Aries es el primer signo del zodiaco, el punto de partida oficial del calendario astrológico y probablemente la constelación con la mejor excusa para estar donde está. Detrás del nombre hay un carnero de oro, una madrastra con un plan de manipulación digno de serie de televisión, dos niños que huyeron con lo que traían puesto y una de las ironías más brutales de toda la mitología griega.

La historia oficial dice que el carnero fue un héroe. Lo que nadie menciona tanto es lo que le pasó después de serlo.

El carnero que se salvó del sacrificio… y terminó sacrificado igual

Hay una regla no escrita en la mitología griega: si alguien te hace un favor enorme, lo más probable es que lo pagues mal. Frixo, príncipe de Beocia, confirmó esa regla con una eficiencia que todavía duele.

Pero para entender por qué un carnero de oro terminó convertido en constelación, hay que empezar por el verdadero villano de esta historia. Y el villano no es quien parece.

Nefele era una diosa menor, literalmente hecha de nube, primera esposa del rey Atamante de Beocia, una región en el centro de Grecia continental al noroeste de Atenas. Hoy sigue llamándose Beocia y es parte de la Grecia moderna; su ciudad más famosa era Tebas, que todavía existe con el mismo nombre. No es metáfora: Nefele era una nube con forma humana que Zeus fabricó para engañar a Ixión, y que después terminó casada con un rey mortal porque los dioses tenían un sentido del humor bastante particular. El rey Atamante y Nefele tuvieron dos hijos: Frixo y Hele.

El rey Atamante decidió en algún punto que estar casado con una nube no era suficientemente satisfactorio, y se buscó una segunda esposa humana de carne y hueso. Su elección fue Ino, hija de Cadmo, fundador de Tebas. Ino tenía ambición, inteligencia y cero paciencia para los hijos del primer matrimonio.

El plan de Ino fue tan simple como brutal. Convenció a las mujeres de Beocia de tostar en secreto las semillas de trigo antes de la siembra. La cosecha falló. El hambre llegó. El rey Atamante, desesperado, mandó emisarios al oráculo de Delfos para preguntar qué hacer. Ino interceptó a los mensajeros, sobornó a quien había que sobornar, y la respuesta que llegó de vuelta fue esta: el hambre solo terminará si sacrificas a tu hijo Frixo.

Ino acusa a Frixo ante el rey Atamante en el salón del trono mientras Hele observa
Ino susurra su acusación al rey Atamante mientras Frixo intenta defenderse y Hele, su hermana, observa impotente desde su lado.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

La hambruna cumplió su función. El rey Atamante, desesperado y sin opciones visibles, estaba exactamente donde Ino lo quería. Entonces llegó el segundo golpe.

Ino no se conformó con la condena política. Sabía que una acusación basada en una crisis agrícola podía deshacerse con el tiempo, que un rey arrepentido podía cambiar de opinión, que la sentencia de muerte necesitaba algo más sólido para sostenerse. Entonces añadió una segunda acusación, esta vez de carácter personal: le dijo al rey Atamante que Frixo había intentado seducirla. En la Grecia antigua ese cargo no necesitaba pruebas. Bastaba con que la esposa del rey lo dijera en voz alta. El rey Atamante, que ya había demostrado en repetidas ocasiones que no era el padre más perspicaz del mundo antiguo, lo creyó sin cuestionarlo.

En ese momento Frixo y Hele dejaron de ser hijos inconvenientes de un matrimonio anterior. Se convirtieron en fugitivos con una sentencia de muerte fabricada por alguien que llevaba años esperando la oportunidad correcta.

Nefele, diosa hecha de nube, convoca al carnero dorado mientras Frixo y Hele esperan abajo
Nefele, la madre nube que el rey Atamante había abandonado por Ino, envía al carnero dorado desde el cielo. Frixo y Hele miran hacia arriba sin saber todavía lo que está a punto de pasar.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

Lo que pasó después depende de la versión. En algunas, fue Nefele quien envió al carnero desde el cielo, incapaz de ver morir a sus hijos. La madre nube que el rey Atamante había abandonado por Ino no estaba tan lejos como todos pensaban. En otras versiones, fue Hermes por orden de Zeus. En todas, el resultado fue el mismo: un carnero con lana de oro puro apareció frente a Frixo y su hermana Hele con un mensaje implícito bastante claro. Súbanse.

El vuelo comenzó sobre Beocia y siguió hacia el este, cruzando el mar que hoy separa Europa de Asia. Aquí la historia se pone triste. Hele perdió el agarre en algún punto sobre el estrecho, cayó al agua y murió. Ese cuerpo de agua se llama desde entonces el Helesponto, que en griego significa, literalmente, «el mar de Hele.» Cada vez que alguien dice Helesponto, sin saberlo, está nombrando a una niña que cayó de un carnero volador hace tres mil años.

Frixo llegó solo a Cólquide, en la costa oriental del Mar Negro, en lo que hoy es Georgia, el país del Cáucaso que limita con Rusia al norte y Turquía al sur. No es un lugar inventado: los griegos comerciaban activamente con esa región, y muchos historiadores creen que el mito del Vellocino tiene raíces en expediciones reales de exploración hacia el Mar Negro.

Frixo llega a Cólquide con el carnero de oro y es recibido por el rey Eetes
Frixo llega a Cólquide junto al carnero de oro y se encuentra con el rey Eetes, gobernante de esas tierras. La expresión del rey lo dice todo: no ve a un huésped, ve una oportunidad.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

Frixo llegó vivo, llegó a salvo, llegó gracias al carnero.

Y entonces hizo algo que la mitología griega nunca terminó de explicar satisfactoriamente: sacrificó al carnero como ofrenda de gratitud a Zeus. Al animal que lo salvó. Al único ser en toda esta historia que actuó con dignidad. Lo sacrificó.

Frixo sacrifica al carnero de oro en el bosque sagrado de Cólquide
Frixo ante el altar del bosque sagrado. El carnero que lo salvó de una muerte injusta yace sobre la piedra mientras Frixo alza los brazos hacia el cielo. Zeus observó esta escena con una mezcla de emoción y estupefacción que la mitología nunca terminó de resolver.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

Zeus, según algunas versiones, estaba molesto. Según otras, estaba conmovido por el gesto, aunque conmovido de esa manera incómoda en que te conmueve algo que también encuentras profundamente estúpido. De cualquier manera, tomó al carnero y lo colocó entre las estrellas. Con la cara mirando hacia atrás, hacia las Pléyades, como si todavía estuviera buscando a Hele en el camino que ya no podía deshacer.

El cuero del carnero, la piel con lana de oro, quedó en manos del rey Eetes. La colgó en un bosque sagrado consagrado a Ares, custodiada por un dragón que nunca dormía. No era un trofeo. Era el objeto más codiciado del mundo antiguo.

¿Por qué todo el mundo quería ese cuero?

El Vellocino de Oro no era decorativo. En la cosmovisión griega tenía poderes reales: curación, fertilidad, legitimidad divina. Quien lo poseyera no solo tenía riqueza, tenía el respaldo visible de los dioses. Era, en términos modernos, la combinación de una corona, un banco central y un certificado de santidad en un solo objeto.

Por eso Pelias, rey usurpador de Yolco, mandó a su sobrino Jasón a buscarlo. No porque creyera que Jasón lo lograría, sino exactamente porque no creía que Jasón lo lograría. Era una misión suicida con envoltura de aventura heroica. Pelias quería deshacerse de Jasón, que tenía más derecho legítimo al trono que él, y el Vellocino era la excusa perfecta.

Lo que pasó cuando Jasón llegó a Cólquide, quién realmente consiguió el Vellocino y a qué precio, involucra a una de las mujeres más complejas de toda la mitología griega y una traición que hace que el plan de Ino parezca amateur. Los Argonautas tienen su propio capítulo pendiente. Si ya leíste el artículo de Géminis, sabes que Cástor y Pólux estuvieron en ese barco. Pero esa es otra historia.

Los griegos pusieron al carnero en el cielo con la cara mirando hacia atrás. Nunca del todo claro si es nostalgia o reproche. Probablemente las dos cosas.

Cuando el carnero dejó de ser un carnero

Cuando el carnero griego cruzó el Mediterráneo y siguió viajando, dejó de ser un héroe trágico para convertirse en algo completamente distinto. En Babilonia se volvió un reloj. En los Andes nunca fue carnero.

Babilonia: el carnero que era un calendario

Los babilonios no necesitaban drama para darle importancia al cielo. Les bastaba con que fuera útil.

Alrededor del año 2000 a.C., los astrónomos del Imperio Babilónico estaban construyendo el sistema de observación celeste más preciso que existía en ese momento. El resultado fue el MUL.APIN, una serie de tablillas de arcilla que catalogaban las estrellas, los planetas y los movimientos del Sol con una precisión que no volvería a igualarse en Occidente hasta siglos después. En ese catálogo, la constelación que hoy llamamos Aries tenía un nombre distinto: LUHUNGA, el trabajador agrícola, el jornalero del cielo. No era un carnero de oro. Era un trabajador.

Y su función era específica: marcar el equinoccio de primavera. Cuando el Sol entraba en esa región del cielo, el año nuevo babilónico comenzaba. La fecha se celebraba con el Akitu, la ceremonia más importante del calendario mesopotámico. Durante doce días, Babilonia se detenía. Los mercados cerraban, los tribunales suspendían sus funciones y el rey, el hombre más poderoso del imperio, realizaba un ritual que hoy resultaría bastante incómodo para cualquier jefe de Estado.

El sumo sacerdote le quitaba el cetro, la corona y el anillo real. Lo arrodillaba frente a la estatua del dios Marduk. Y en esa posición, el rey debía declarar en voz alta que no había pecado, que no había descuidado a su pueblo, que no había destruido Babilonia. Si lo decía con suficiente convicción, Marduk le devolvía los atributos reales y el rey gobernaba otro año. Todo ese sistema, esa arquitectura de poder político y religioso, comenzaba cuando el Sol entraba en lo que los griegos llamarían Aries.

Ceremonia del Akitu babilónico: el rey arrodillado ante la estatua del dios Marduk
La ceremonia del Akitu en Babilonia: el rey más poderoso del mundo conocido, arrodillado, sin corona, sin cetro, declarando su humildad ante el dios Marduk. Todo porque el Sol entró en Aries.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

El contraste con la versión griega es casi cómico. En Grecia, el carnero es un individuo con historia, con una misión específica, con una muerte injusta y una inmortalidad merecida. En Babilonia no hay carnero, no hay drama, no hay sacrificio. Hay un punto en el cielo que le dice al mundo cuándo empieza el año. Es burocracia cósmica elevada a categoría sagrada.

Y aquí viene el dato que cambia todo para quien crea en el zodíaco: ese punto ya no está en Aries.

La Tierra no gira perfectamente fija. Su eje traza un círculo lento, como un trompo que empieza a perder velocidad, con un período de aproximadamente 26,000 años. Eso hace que el punto donde el Sol cruza el ecuador celeste en el equinoccio de primavera, el famoso punto vernal, se mueva lentamente hacia atrás entre las constelaciones del zodiaco. Un grado cada 72 años, en sentido contrario al que recorre el Sol durante el año.

Cuando los babilonios construyeron su sistema, alrededor del año 2000 a.C., ese punto estaba en Aries. Por eso le pusieron el nombre. Por eso el año nuevo empezaba ahí. Tenía toda la lógica del mundo.

Cuando los griegos heredaron el sistema y lo codificaron, el punto vernal seguía cerca de Aries, aunque ya se estaba moviendo. Ellos lo notaron, lo documentaron, y aun así decidieron dejar los nombres como estaban. Era más práctico que renombrar todo el zodíaco. Una decisión comprensible para su época.

Pero el cielo no esperó. Desde el año 68 a.C., el punto vernal está técnicamente en Piscis. Lleva ahí más de dos mil años. Y en el siglo XXI está cruzando lentamente hacia Acuario, lo que algunos llegan a llamar «la Era de Acuario», aunque la fecha exacta del cruce depende de cómo definas los límites de cada constelación, y ahí los astrónomos no se ponen completamente de acuerdo.

Lo que sí es claro es esto: el sistema zodiacal que usamos hoy, tanto en astronomía histórica como en astrología, se fijó hace aproximadamente 2,000 años. En ese momento, el signo de Aries correspondía a la constelación de Aries. El signo de Tauro correspondía a la constelación de Tauro. Había una alineación real entre lo que el calendario decía y lo que estaba en el cielo.

Hoy esa alineación tiene un desfase de casi 30 grados, el equivalente a una constelación completa. Cuando el Sol está astrológicamente «en Aries», está astronómicamente en Piscis. Cuando está «en Tauro», está en Aries. El mapa y el territorio llevan veinte siglos separándose en silencio.

Lo que cada quien haga con esa información es una decisión personal. Pero es una pregunta que vale la pena hacerse.

Los Andes: cuando el cielo no son puntos de luz sino sombras

Los europeos llegaron a América convencidos de que sabían cómo se leía el cielo. Traían su zodíaco griego, sus doce constelaciones, su sistema de puntos conectados por líneas imaginarias. Lo que no esperaban encontrar era una civilización que llevaba siglos leyendo el cielo de una manera completamente distinta, y que en varios aspectos lo entendía mejor.

Los pueblos quechuas de los Andes, incluidos los incas en su momento de mayor expansión, desarrollaron dos sistemas paralelos de astronomía. El primero era el de las estrellas, similar en concepto al europeo aunque con figuras distintas. El segundo no tenía equivalente en ninguna otra cultura del mundo conocido hasta ese momento: las constelaciones de oscuridad.

En lugar de conectar puntos de luz, los astrónomos andinos trazaban figuras usando las manchas oscuras de la Vía Láctea, las regiones donde el polvo interestelar bloquea la luz de las estrellas de fondo. Para el ojo entrenado en los Andes, con cielos sin contaminación lumínica a 3,000 o 4,000 metros de altitud, esas manchas oscuras formaban siluetas tan claras como cualquier constelación occidental. Y las más importantes tenían forma de animales.

La más grande y la más sagrada era la Yacana, la llama celestial. Se extendía a lo largo de la Vía Láctea con sus crías al lado, perfectamente visible en las noches del solsticio de junio desde el hemisferio sur. No era un símbolo decorativo. Tenía una función cósmica específica y urgente: según la tradición quechua, la Yacana bajaba a la Tierra antes del amanecer y bebía el agua del mar. Sin ese acto, el océano desbordaría y el mundo se inundaría.

Pastor andino mirando la Vía Láctea con la silueta oscura de la Yacana visible en el cielo
Un pastor quechua en las alturas de los Andes observa la Vía Láctea. En las manchas oscuras entre las estrellas, ve la silueta de la Yacana, la llama celestial que bebe el mar antes del amanecer para que el mundo no se inunde.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Flux 2 Pro

Los pastores andinos que cuidaban llamas y alpacas la observaban con atención particular durante el solsticio. Si la Yacana aparecía con claridad, el año agrícola sería bueno y el ganado se reproduciría con fuerza. El contraste con el carnero griego no puede ser más profundo: Frixo es un individuo con nombre, con historia, con decisiones propias y consecuencias personales. La Yacana no actúa por lealtad ni por gratitud ni por mandato de ningún dios en particular. Actúa porque es su naturaleza, porque sin ese acto el mundo no funciona. Es responsabilidad cósmica sin ego.

Y mientras los misioneros europeos del siglo XVI prohibían activamente las prácticas de observación astronómica andina, catalogándolas como idolatría, comunidades en Bolivia, Perú, Ecuador y el norte de Argentina seguían transmitiendo ese conocimiento de forma oral. Cinco siglos después, investigadores como Gary Urton documentaron que el sistema sigue vivo en comunidades rurales de altura, donde los pastores todavía identifican la Yacana en el cielo antes de decidir cuándo es el mejor momento para el apareamiento del ganado. No es folclore. Es un sistema de observación que funcionó durante milenios y que sobrevivió a la prohibición.

Tres culturas, tres lecturas del mismo cielo: un carnero con nombre propio que murió por hacer un favor, un punto astronómico que le decía a un rey cuándo arrodillarse, y una llama sin ego que bebía el mar para que el mundo no se ahogara. Aries es la misma dirección. Lo que cada quien vio ahí dice más de ellos que de las estrellas.

Hamal tiene 96 millones de años y ya está en sus últimas. El Sol tiene 4,600 millones y apenas va a la mitad.

Aries no es la constelación más brillante del cielo. No tiene la estrella más grande ni la nebulosa más fotogénica. Lo que tiene es una estrella que está viviendo sus últimos capítulos en cámara lenta, y una galaxia que lleva millones de años siendo deformada por su vecina mientras nosotros miramos sin poder hacer nada.

Constelación de Aries con Hamal, Sheratan, Mesarthim y NGC 772 etiquetados
La constelación de Aries con sus estrellas principales etiquetadas y la ubicación de NGC 772, la galaxia espiral con los brazos asimétricos que puedes fotografiar desde casa.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Sky Guide App

Hamal: la estrella que quemó demasiado rápido

La estrella más brillante de Aries se llama Hamal, del árabe «cabeza del carnero». Está a 66 años luz de distancia, que en términos cósmicos es prácticamente la puerta de al lado. Si ahora mismo algo cambiara en Hamal, nos enteraríamos en el año 2090.

Hamal es una gigante naranja. Eso suena a descripción de color, pero en astronomía estelar es un diagnóstico. Las gigantes naranjas son estrellas que ya agotaron el hidrógeno en su núcleo, se expandieron, y están quemando helio en capas externas mientras esperan lo que viene después. Es el equivalente estelar de alguien que ya terminó su vida laboral y está viviendo de los ahorros.

Hamal tiene 96 millones de años. Parece mucho hasta que lo comparas con el Sol, que tiene 4,600 millones de años y le quedan otros 5,000 millones. Hamal es una estrella que nació siendo masiva, quemó su combustible a una velocidad desproporcionada y llegó a la vejez estelar antes de que en la Tierra existieran siquiera los primeros dinosaurios. Es un motor de Fórmula 1 frente al diesel de un camión de carga. Potencia brutal, vida corta.

Su destino final es convertirse en una enana blanca, el núcleo comprimido que queda cuando una estrella de tamaño mediano termina de colapsar. Sin explosión espectacular, sin supernova. Solo un enfriamiento lento y silencioso durante miles de millones de años.

Con los CELESTRON SkyMaster 15×70 en una noche de cielo despejado, Hamal es fácil de encontrar y su tono anaranjado es perceptible comparado con las estrellas blancas del campo circundante. No necesitas equipo especializado para ver que algo en esa estrella es diferente.

NGC 772: la galaxia a la que le están robando un brazo

A 130 millones de años luz de distancia hay una galaxia espiral que lleva millones de años en una situación incómoda. NGC 772 tiene los brazos espirales asimétricos, uno notablemente más desarrollado y extendido que el otro, y la razón es su vecina NGC 770, una galaxia elíptica compacta que orbita demasiado cerca y lleva millones de años ejerciendo una tracción gravitacional que distorsiona la estructura de NGC 772 desde adentro.

130 millones de años luz es una distancia que no cabe bien en la cabeza humana. La luz que ves hoy de NGC 772 salió de esa galaxia cuando en la Tierra los primeros ancestros de los cocodrilos apenas estaban apareciendo. Esa luz viajó todo ese tiempo, cruzó 130 millones de años luz de vacío, y terminó en el sensor de un smart telescope apuntando al cielo nocturno.

Con el ZWO Seestar S50 o el DWARFLAB Dwarf 3, NGC 772 es un objetivo alcanzable desde zonas con contaminación lumínica moderada. En 30 a 45 minutos de integración empiezan a aparecer los brazos espirales y la asimetría producida por NGC 770 se hace visible. Es exactamente el tipo de objeto para el que los smart telescopes fueron diseñados: demasiado tenue para el ojo, perfectamente accesible para la tecnología actual.

Cuándo y desde dónde verla

Aries es una constelación de otoño e invierno en el hemisferio norte. Su mejor momento es entre octubre y febrero, con noviembre y diciembre como el punto óptimo. Desde México y el resto de Latinoamérica, Aries transita alto en el cielo nocturno durante esos meses. En el hemisferio sur también es visible, aunque transita más bajo en el horizonte norte.

Star hopping desde Orión pasando por Aldebarán y las Pléyades hasta Hamal en Aries
El camino desde Orión hasta Aries. Localiza el Cinturón de Orión, sigue en diagonal hacia donde se pone el Sol, pasa por Aldebarán en Tauro y continúa hasta Hamal, la estrella anaranjada que marca la cabeza del carnero.
Crédito: ASTRONOMIKA TV / Sky Guide App

Para encontrar Aries sin app, el camino más confiable empieza en Orión, la constelación más reconocible del cielo invernal. Localiza el Cinturón, esas tres estrellas perfectamente alineadas en diagonal. Desde ahí traza una línea imaginaria hacia donde se pone el Sol y síguela hasta topar con una estrella de tono ligeramente anaranjado. En el camino vas a pasar cerca de Aldebarán, la gigante roja de Tauro, que funciona como un punto de control para saber que vas bien. Esa estrella anaranjada al final del camino es Hamal. Ya estás en Aries.

Si ya identificas las Pléyades, ese grupo compacto de estrellas azules que parece una pequeña nube brillante, la ruta es más corta: desde las Pléyades mira hacia el lado donde se pone el Sol, y Hamal aparece casi de inmediato. Es la primera estrella brillante con tono anaranjado que vas a encontrar en ese camino.

Aries es la primera señal del zodiaco, el punto de partida oficial del calendario astrológico y el carnero más famoso de la historia antigua. Y sin embargo, la estrella que le da nombre ya está en sus últimas, el punto del cielo que lo hizo importante lleva dos mil años en otra constelación, y el animal que inspiró todo esto murió sacrificado por la misma persona a la que salvó la vida.

Hay algo poéticamente justo en eso. No todo lo que inicia algo recibe el crédito que merece.

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Preguntas frecuentes sobre la constelación de Aries

¿Qué representa la constelación de Aries?

Aries representa al carnero de oro de la mitología griega, el animal enviado por los dioses para rescatar a Frixo y Hele de una sentencia de muerte injusta. Zeus lo inmortalizó en el cielo después de que Frixo lo sacrificó como ofrenda de gratitud, en uno de los gestos más contradictorios de toda la mitología clásica.

¿Por qué Aries es el primero del zodiaco si no es la primera constelación en el cielo?

Porque cuando los babilonios y griegos establecieron el sistema zodiacal, hace aproximadamente 2,000 años, el punto vernal, es decir, el lugar donde el Sol cruza el ecuador celeste en el equinoccio de primavera, estaba en Aries. Ese punto marcaba el inicio del año astronómico y por eso Aries quedó primero. Hoy ese punto ya se movió a Piscis, pero el nombre se quedó.

¿Qué es el Vellocino de Oro y qué tiene que ver con Aries?

El Vellocino de Oro es el cuero del carnero de Aries. Después de que Frixo lo sacrificó en Cólquide, el rey Eetes colgó la piel en un bosque sagrado custodiado por un dragón que nunca dormía. Ese objeto se convirtió en el símbolo de legitimidad divina más codiciado del mundo antiguo, y fue el motivo del viaje de Jasón y los Argonautas.

¿Cuándo y desde dónde se puede ver Aries?

Aries es visible entre octubre y febrero, con noviembre y diciembre como el mejor momento. Desde México y el resto de Latinoamérica se ve alto en el cielo nocturno durante esos meses. Desde el hemisferio sur también es visible, aunque transita más bajo en el horizonte norte.

¿Cuál es la estrella más brillante de Aries?

Hamal, también conocida como Alpha Arietis. Está a 66 años luz de distancia y es una gigante naranja en proceso de envejecimiento estelar. Su tono ligeramente anaranjado es perceptible a simple vista en una noche despejada, especialmente comparado con las estrellas blancas del campo circundante.

¿Qué galaxia hay en Aries y cómo se puede observar?

La más interesante es NGC 772, una galaxia espiral a 130 millones de años luz con los brazos asimétricos. Esa asimetría la produce NGC 770, una galaxia compacta que orbita demasiado cerca y lleva millones de años deformando su estructura gravitacionalmente. Es fotografiable con smart telescopes como el ZWO Seestar S50 o el DWARFLAB Dwarf 3 en cielos con contaminación lumínica moderada, con 30 a 45 minutos de integración.

¿Por qué el «primer punto de Aries» ya no está en Aries?

Por la precesión axial de la Tierra. El eje terrestre traza un círculo lento de aproximadamente 26,000 años, lo que hace que el punto vernal se desplace hacia atrás entre las constelaciones del zodiaco a razón de un grado cada 72 años. Cuando el sistema zodiacal se estableció, ese punto estaba en Aries. Desde el año 68 a.C. está en Piscis, y actualmente se acerca a Acuario.

¿Qué veían los babilonios en la constelación de Aries?

No un carnero heroico sino un trabajador agrícola. En el catálogo estelar babilónico MUL.APIN, esta constelación se llamaba LUHUNGA, el jornalero del cielo. Su función era marcar el equinoccio de primavera y el inicio del año nuevo babilónico, celebrado con el Akitu, la ceremonia más importante del calendario mesopotámico, en la que el rey más poderoso del imperio debía arrodillarse ante el dios Marduk para renovar su legitimidad.

¿Cómo se relaciona Aries con la cosmovisión andina?

En los Andes, el equivalente no era un carnero sino la Yacana, la llama celestial formada con las manchas oscuras de la Vía Láctea. Según la tradición quechua, la Yacana bebía el agua del mar antes del amanecer para evitar que el mundo se inundara. Era la protectora del ganado camélido y su aparición en el cielo del solsticio de junio indicaba si el año agrícola sería próspero. Este conocimiento sobrevivió cinco siglos de prohibición colonial y sigue vivo en comunidades rurales de altura en Bolivia, Perú y Ecuador.

Fuentes y lecturas recomendadas

Libros

  • Grimal, P. (1951). Diccionario de mitología griega y romana. Paidós.
    La referencia estándar en español para cualquier investigación sobre mitología clásica. Cubre en detalle el ciclo de Frixo, Hele y el origen del Vellocino de Oro con sus variantes textuales.
  • Urton, G. (1981). At the Crossroads of the Earth and the Sky: An Andean Cosmology. University of Texas Press.
    El trabajo de campo más completo disponible sobre astronomía quechua y las constelaciones de oscuridad andinas, incluyendo la Yacana. Urton documentó estas tradiciones directamente en comunidades de altura en Perú.

Fuentes digitales

  • NASA Science. (2023). Hamal: Alpha Arietis. science.nasa.gov
    Ficha técnica de Hamal con datos actualizados de distancia, clasificación espectral y estado evolutivo. Punto de partida obligatorio para cualquier dato sobre esta estrella.
  • Hunger, H. & Pingree, D. (1989). MUL.APIN: An Astronomical Compendium in Cuneiform. Österreichische Akademie der Wissenschaften. Resumen disponible en britishmuseum.org
    El catálogo estelar babilónico original donde aparece LUHUNGA. El British Museum conserva tablillas originales y ofrece contexto histórico accesible en línea.

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